RINCONES

 

 

 

 

A modo de presentación

 

 


          Cuando comencé a recorrer diferentes salas de exposición para mostrar mi trabajo “Rincones”, pretendía hacer un modesto homenaje a aquellos lugares que años atrás formaban parte de lo que me era cotidiano y familiar, y poco a poco iban desapareciendo. Para mi fue una grata sorpresa comprobar la multitud de emociones que este trabajo despertaba en la gente que lo visitaba. A través del libro de firmas que ofrezco en cada una de mis exposiciones recibo multitud de confidencias y recuerdos que quienes la visitan quieren compartir conmigo.

Leo en el libro:

“Cuando llegué a Madrid, era verano, hacía un calor insoportable, uno de mis primeros recuerdos es una aguadora que con un botijo blanco me ofrecía un trago de agua fresca por una perra gorda”, pensé que cara está la vida en la capital, pero que bien organizada”

“Recuerdo la imagen a la puerta de los mercados de una vendedora con un delantal impecable y un carrito blanco en el que se leía Requesón de Miraflores”

“Cuando yo era crío mi abuelo llevaba al hojalatero los botes de leche en polvo quese quedaban vacíos, para que les pusiera un asa de hojalata y convertirlos en jarros que luego me regalaba. Para mí era un tesoro”

          Todos estos recuerdos me ayudan a buscar referencias de esas actividades que yo no conocí personalmente y descubrir retazos de una vida cotidiana con un sentido muy coherente que poco a poco se va perdiendo. Mi recuerdo me lleva hasta Anselmo que vendía patatas en un puesto del Mercado de Antón Martín. Vendía sólo patatas y siempre tenía una larga fila de mujeres esperando para comprarle, a las que divertía con sus chistes y picardías. Y cuando me pongo a calcular cuantas patatas debería vender Anselmo para poder vivir, comprendo que si eso no afectó nunca a su alegría, tal vez sea yo el que debía plantearse la necesidad del cálculo.

Sigo leyendo:

“Mi madre llevaba a un taller de costura de arreglos trajes viejos de mi padre para darles la vuelta y aprovechar la tela por la parte interior, menos desgastada, eran autenticas Modistas que por poco dinero hacían maravillas. Hoy existen imitadores con el estúpidos nombres extranjeros.


“Me ha emocionado su exposición, le felicito, y le sugiero un recuerdo que tengo de mi niñez cuando mi madre me mandaba a comprar un cuartillo de hielo a la fábrica que había el la calle de León esquina a la Plaza de Antón Martín. Bajábamos por una escalera estrecha a unos sótanos donde se fabricaba el hielo mediante unos moldes metálicos que estaban sumergidos en una especie de estanques con agua. El recuerdo del olor a amoniaco acompaña a esas imágenes.

          Es por esto que la colección que presento ha variado desde la primera exposición hasta hoy. Muchos de los rincones que presento los he conocido por la sugerencia de quienes han tenido la atención de dedicarme unas palabras. Me he recorrido Madrid buscando esos recuerdos y, créanme, es muy reconfortante. Les recomiendo pasear por cualquiera de los barrios viejos y encontrarán autenticas joyas, solamente mirando.

 

                                                                                                                        Miguel Yunquera

 


 

 

 

Miguel Yunquera  |  myunquera@gmail.com